Un trabajo feliz

Es esto vivir feliz? ¿Puede llamarse a esto vivir? ¿Hay en el mundo algo menos soportable, no digo ya para un hombre de buen corazón, o para un hombre bien nacido, sino tan solo para cualquiera que tenga un mínimo de sentido común, o, sin más, un resto de humanidad? ¿Habrase otra manera de vivir mas mísera, carente de todo, cuando podría gozar del libre albedrío, de la libertad, de su cuerpo y de la vida?

Etienne de la Boetie.


Woodworks Buschmann Bella es un proyecto que se inaugura en forma de taller, ofreciéndonos un espacio y un tiempo, desde el que reflexionar sobre una época de crisis que conlleva una complejidad que todavía nos es difícil descifrar desde donde estamos. Woodworks Buschmann Bella busca respuestas desde la recuperación del trabajo artesanal con la madera.

Frank Buschmann se ha formado como creador, diseñador industrial y ebanista. De origen alemán pasó su infancia entre Sudáfrica y Nigeria, su adolescencia y formación entre Alemania y Holanda. Su etapa profesional ha estado marcada por su espíritu experimental, casi siempre trabajando de modo independiente y vinculado a proyectos que empujan los límites y las definiciones establecidas.

Después de un extenso periplo, influido en sus inicios por la ebanistería, luego por el diseño, la gestión cultural, la conceptualización de ideas, el arte, la cooperación y un largo etc., vuelve de nuevo a la madera. En esta ocasión, con la intención de defender un planteamiento puro y de una gran exigencia.

Se dice que las crisis sirven para provocar un cambio de dirección en la mirada y que, en ocasiones, todo ello deviene en un cambio de modelo. Pero también se dice que, en general, con ellas en lugar de proyectarnos al futuro, psicológicamente nos volvemos retrospectivos, refugiándonos en aquellos tiempos que aparentemente fueron mejores. Hay también posicionamientos. Está la posición del atemporal: el que se toma cualquier crisis como un momento de oportunidad en el que hacer de la precariedad del otro su indicador de aumento de riqueza. Está la posición de el del presente continuo: el que se toma la crisis como símbolo de lucha y resistencia, de reclamo y de lazo social con el que recordar y renovar el espíritu adormilado de los valores.

Pero están también quienes toman posiciones para desear un mundo otro por venir. Esos son los que, a pesar de todo, necesitan situarse siempre sobre un tiempo futuro: son los que repasan el pasado en su justa medida y si acaso siempre para reinventarlo. El estado atemporal es para ellos un mal síntoma porque solo les ofrece oportunismo. Se solidarizan con el presente continuo, pero se incorporan a su lucha desde otro lugar, difícil de entender, porque siempre es un allí en proceso de identificación.

A lo largo de nuestra historia reciente, la relación de la vida con el trabajo ha ido consolidando un itinerario de desposesión y de desidentificación arrojando al individuo a un continuo y doloroso debilitamiento identitario. Es con la primera revolución industrial donde se lleva a cabo una primera operación de desposesión para el individuo. Esta se produce a través de la transferencia del trabajo y la vida manual al trabajo y la vida maquínico, del trabajo y la vida artesana o manufacturera al trabajo y a la vida en la fábrica.

Como consecuencia de esta operación, las habilidades manuales o artesanas adquiridas gracias a la experiencia, la que supone una continua relación de exploración y de innovación con la forma, se transforman en trabajos de vigilancia y supervisión sobre las máquinas. El sistema de relación entre nuestro ser intelectual y nuestro ser corporal en el trabajo y en la vida ya no suceden asociados a la forma, ni través de su materialidad. Es el comienzo del auge de una sociedad intermediaria, de gestión y de servicios.

Hay una segunda desposesión que sucede como consecuencia del paso de una producción fordista a una producción postfordista. Una segunda revolución industrial que, con la introducción de la maquinaria tecnológica, abre sus puertas al dominio de una industria de la comunicación. En ella la información, el saber, el lenguaje, y el pensamiento se convierten en la principal fuerza productora movilizada por el capitalismo. El trabajo se apropia de la "vida", es decir, del conjunto de las cualidades específicamente humanas. "La vida puesta a trabajar" y al servicio que nos dice Virno. Esta es una desmaterialización extrema y radical. El desarrollo y promoción de una imposibilidad e incapacidad para entender un mundo que, si bien está a nuestro alcance más que nunca, sufre de una total desidentificación.

Desde ese estado y desde este lugar es desde donde Woodworks Buschmann Bella se propone revolver en el significado de la vida, los saberes y el trabajo. Desde una práctica, ante todo, performativa y radical que se sostiene en un hacer procesual con el que se recupera el cultivo de actitudes olvidadas tales como, la dedicación, la resistencia, la aceptación de la incomodidad, el cariño y los cuidados. Estas, puestas a funcionar como correas de transmisión, toman su forma final en la madera.

Woodworks Buschmann Bella es también un desafío ético ante principios como la libertad, la coparticipación en el conocimiento, la paz, la protección del medioambiente, la justicia y la solidaridad que tienen la complejidad de la dualidad. Nos resultan cercanos, básicos y comunes a la vez que ajenos, fácilmente deteriorables e inconmensurables. Frank repite en clave de mantra planteamientos como los que Gandhi ya nos hacía para interpelarnos sobre nuestra manera de comprometernos con el mundo al preguntarnos por la belleza de una tela si esta se ha producido con sangre.

El trabajo de Frank Buschmann es un "reenactment" que busca devolver la "mundanidad" al mundo, devolverle al mundo aquellas cosas que lo conforman. Esa "mundanidad" que, como nos decía Arendt, es necesaria para reconocer el sistema de relaciones que hay en él, insistir sobre su historia y su lenguaje y señalar, sobre todo, la necesidad de cuidar nuestro mundo en común.

Maria Bella
Comisaria e investigadora en Curatorial Knowlege

Créditos Documental: Juan Alcón Durán